COSQUÍN ROCK 2018, DÍA 1: EL VIAJE ES OTRO SHOW

Cosquín Rock, el festival más convocante del rock argentino, coronó este fin de semana su 18º edición con un saldo más que favorable: unas 80 mil personas vibraron al son de la música en 6 escenarios donde desfilaron más de 140 bandas. El núcleo rígido de la escena local, más la singular presencia de artistas extranjeros con distintos alcances, le dieron cuerpo al festival durante los días 10 y 11 de febrero en el Aeródromo de Santa María de Punilla.

Los cambios de timón en cuanto a duración, programación, horarios y estilos resultaron todo un acierto desde la producción de Cosquín Rock, para apuntalar la sustentabilidad económica y artística del festival. Necesitado de renovaciones, apostaron fuertemente a una grilla agrupada en bloques que brinde una permanente rotación del público.

La jornada del 10 de febrero dio comienzo, casi desde el mediodía, con altas temperaturas que superaron largamente los 30º. Sin embargo, el público tomó la posta y desde las 14hs el ingreso fue creciendo. Los primeros shows en recibirlos fueron los mexicanos Vaquero Negro, procedentes de Guadalajara, fusionan el rap, funk y el rock and roll y causaron una buena impresión. Hicieron buena compañía con Ojos Locos y Nagual, los que le continuaron en la grilla. Los de Mataderos, llegaron a su segunda presentación alentados por su público que no dejó de agitar banderas y consignas de libertad. Los rayos del sol quemaban, pero la banda celebró con las canciones que encajaban al paisaje: “Hacia la montaña”, “Día tras día” y “Felicidad” acaso una síntesis perfecta de su poderoso y salvaje rock.

Seguidamente fue el turno de Sueño de Pescado, que debutaban en el escenario principal y con hinchada propia, concentrada desde La Plata, Buenos Aires y Córdoba. Miles de remeras de “los pescados” invadieron el terreno y demostraron un vínculo genuino con el grupo, que en poco más de 40 minutos intensos, explicaron el ascenso que vienen teniendo. Más tarde en sala de prensa, desenfundaron una edición de luxe de “Sangre en tus luces” que incluye un box de cartón, una figura en resina plástica y diapositivas. Una producción que dejó sorprendidos a propios y extraños.

Promediando tarde, El Bordo subió al escenario. Los muchachos de Almagro tuvieron un gran año con el lanzamiento y presentación de “El Refugio”, y un poco de eso mostraron en 9 canciones. “Corazones olvidados”, “Humanos” y “Metafísica suburbana” una canción visceral y rotunda fueron algunos de los picos de su show. A continuación, fue el turno de Las Pelotas quienes conservaron su asistencia perfecta al festival. Con un set de 20 canciones, el grupo de Germán Daffuncchio desplegó temas de todas las épocas, saboreando de su vigencia. Hoy con un presente más enrolado en la canción con sonido muy cuidado, que dista de los comienzos enérgicos con Alejandro Sokol a la cabeza. De todas maneras, existen lazos: “Victimas del cielo”, “Personalmente” pueden conectar cálidamente con “Ñandú” (1995) o “Ya no estas” (2007).

La actividad, no terminaba en el escenario principal. Una de las alternativas, fue visitar los hangares del aeródromo. En uno funcionó el 220CC, con el adelanto de la muestra fotográfica “Los Ángeles de Charly”, un repaso de la vida de Charly García en los años 80 y 90 a través de la mirada de Andy Cherniavsky, Hilda Lizarazu y Nora Lezano. El otro reciento, fue para el Quilmes Garage, con una extensa grilla de shows: Lo más destacado pasó por Banda de La Muerte, con explosivo show, la presentación de los locales GTX, que estrenaron un adelanto de su próxima producción. Para el cierre, los americanos The Flying Eyes brindaron un show épico, un rock psicodélico de gran intensidad, que trasportaba a otro tiempo, espacio, a pesar de la diversidad del festival. Un verdadero hallazgo. Cerca de la medianoche, Pez fue el protagonista con un concierto oscuro, con algunas canciones que aparecen poco en su repertorio: “Ahogarme”, “Espíritu inquieto” y “Rompe el alba”. Quedó la sensación que Pez debería tener el protagonismo en un escenario abierto.

En horario central, Ciro y los persas encontraron un espacio ideal para su público. El frontman continúa presentando “Naranja Persa”, y apuntándose en algunas canciones de Los Piojos, que se mantienen intactas en popularidad.

Creedence Clearwater Revisited subió a escena después de las 22hs y demostró cuan vigentes está el cancionero de CCR. Allá por 1995, el grupo se formó por iniciativa Doug Cosmo Clifford (batería) y Stu Cook (bajo), miembros originales, quienes reclutaron a Dan McGuinnes en voz y a los guitarristas Kurt Griffey y Steve Gunner para revivir clásicos como “Green River”, “Down on the Corner”, “Proud Mary” o “Bad Moon Rising”. A pesar de no tener el guiño de John Fogerty, el grupo se ajusta a versionar los clásicos con absoluta precisión, eficiencia y respeto por la obra. Entonces, en cada versión se llevaron una ovación, mientras Dan McGuinnes en su precario español, lograba un divertido ida y vuelta con la gente. Para el cierre, “Have You Ever Seen the Rain” y “Up Around The Bend” le pusieron el broche de oro a quizás el mejor show del escenario principal.

El inconfundible sonido de la Gibson SG en manos de Skay Beilinson, se apoderó de la escena con “El Golem de la Paternal” un clásico del guitarrista. Su atuendo al estilo safari y su sombrero fedora invita a un viaje por los recovecos de su colección de 13 canciones, donde brillaron “Oda la sin nombre”, “El redentor secreto”, “El sueño del jinete” y por supuesto “Ji ji ji”, un clásico indestructible a esta altura. En “El Equilibrista”, la letra puede resumir toda esa travesía que resulta el Cosquín Rock, “el viaje es de olvidarse de los planes, el viaje es otro show…”

En las primeras horas del domingo, Las Pastillas del Abuelo tenían encargado el cierre de la primera noche, pero tuvieron un final inesperado. Durante su tercer tema “Oportunistas”, una llovizna comenzó a caer sobre Santa María de Punilla, luego se transformó en una intensa lluvia y en minutos en un verdadero diluvio que obligó a cancelar la presentación promediando las diez canciones. Pity Fernández algo desorientado, tenía intenciones de que el show continuara, pero con el corte del micrófono inalámbrico en “¿Qué es Dios?”, desde la técnica no le permitieron seguir. A pesar de que Pity se volvía a presentar al día siguiente en el Espacio Geiser, la troupe pastillera se quedó con un sinsabor.

©  Fotografías cortesía de Pablo Araoz.